Trotamons Bike Race 2019

Si algo tiene Monegros son pistas para rodar durante horas sin necesidad alguna de habilidad técnica sobre la bici. El año pasado lo descubrí en la Orbea Monegros y este año, para cambiar y conocer nuevos retos, lo he hecho en la Trotamons Bike Race, en Fraga (Huesca).

Con más de dos semanas de buen tiempo ininterrumpido, las miradas de la mayoría de los corredores estaban puestas en el fin de semana del 6 de abril, fecha en la que se celebraba la prueba. A medida que se fue acercando la fecha comenzaron a aparecer los primeros pronósticos de lluvia acechando los días clave. No pasa nada, llovería el viernes por la tarde/noche y el sábado podríamos correr sin problemas (con algún que otro charco como es obvio). En mi caso tuve que desplazarme desde mi ciudad, Madrid, hasta Fraga en no menos de 5 horas en las que vi más lluvia que en la que pudo caer en la localidad. No quería ir y venir en el mismo día, así que directo al camping, tienda y a dormir. Lo recomiendo para los que no podemos o no queremos dormir en hoteles.

Suerte que tengo que al ser muy sociable conozco a varios participantes en el propio camping y en concreto a una corredora, de Barcelona, con la que compartiría los momentos previos a la salida y parte del circuito. Al llegar al recinto de salida, los voluntarios de la organización hacen de guía para aparcar en el sitio óptimo garantizando así el máximo número de coches en el espacio disponible (recordar que son más de 1.000 participantes). Un 10 no, ¡un 20 para ellos! La entrega de dorsales, como en la mayoría, sin problemas.

Más de 1.000 participantes tomamos la salida atravesando Fraga sobre el río Cinca por la N-II hasta adentrarnos por una pista no muy ancha que conducía a la primera subida del día. No es que fuera técnica ni mucho menos, pero la estrechez de la misma y la inclinación sacaban a lucir el equilibrio del ciclista y la importancia de la distancia de seguridad (sí, como con los coches) para no poner pie a tierra. Una vez coronada esta primera subida toca llanear un rato entre subidas y bajadas sin importancia rodeados de campos y pegados siempre a la montaña hasta encarar la primera gran subida de la prueba, la que nos llevará a alcanzar el punto más alto de la Trotamons Bike Race con 384 metros (hemos partido de los 100 metros), la cual subiremos sin prisa pero sin pausa, disfrutando las maravillosas vistas que nos deja al situarnos en un nivel superior.

Como quien consigue escalar un puerto del Tour de Francia, la satisfacción de alcanzar el Alto de la Madalena no se puede describir con palabras, pero tampoco hay tiempo para relajarse. Algunos deciden pararse en el primer avituallamiento y reponer fuerzas tras la constante subida, y otros como yo decidimos que las piernas no están tan cansadas como para pararse en este momento. Se divisa mucho llano y la senda es de doble carril, es momento de poner plato grande y piñón pequeño para aquellos que aún llevamos doble plato como yo y rodar a altas velocidades durante unos cuantos kilómetros antes de encontrarnos con la primera bajada del día muy divertida y rápida que nos dejará casi a 200 metros de altitud antes de volver a subir.

Llegados a este punto, en el que atravesamos el comienzo o final de la A2 y la N-II, dependiendo como se mire, empieza de nuevo un tramo de subida que nos volverá a dejar a la misma altura que el anterior, pero que sin duda, o a mí así me lo parece, es uno de los tramos más bonitos de la ruta. Se trata de la carretera vieja (o como he leído por ahí, carretera vieja pero vieja de verdad), ahora con un asfalto en peor estado y rodeada de árboles y vegetación que nos acompañarán durante más de 5km bastante llevaderos y en los que iremos pasando cada vez a más gente (ya llevo unos cuantos kilómetros de calentamiento y las piernas empiezan a funcionar mejor que antes).

¡Coronamos! Una vez hemos subido el último repecho de esta vieja carretera, se expande ante nosotros el famoso gran desierto de Los Monegros. Y tocará tirar de cabeza, porque aunque hemos rezado para que el viento no haga de las suyas, Eolo no nos ha escuchado del todo y ha querido salir a jugar un rato donde mejor sabe hacerlo. Sin darme cuenta, el pelotón ya se ha dividido y las subidas han puesto a cada uno en su sitio, y a mí me ha tocado en medio como de costumbre. Miro atrás y veo ciclistas a cuenta gotas; miro hacia delante y veo un grupo a lo lejos, tengo que intentar alcanzarlos o los interminables kilómetros que vendrán hasta el siguiente avituallamiento me pasarán factura peleando solo contra el viento.

Así lo hago. Tiro de piernas para colocarme cada vez más cerca de ellos hasta que finalmente los alcanzo y me doy cuenta que no es un grupo, ¡son varios! Con la maquinaria en funcionamiento a altas revoluciones decido aguantar un poco y salir de la formación para pillar a los que iban por delante, y así en repetidas ocasiones. Miro de nuevo hacia atrás y… ¡sorpresa! se me han unido dos ciclistas que han debido de ver una vía de escape rápida hasta Cardiel, así que nos vamos turnando contra el viento y comenzamos a hacer nuevos amigos. Unos pocos metros más y ya vemos el avituallamiento. Cuál es mi sorpresa, sin palabras.

Cuando llego al avituallamiento no puedo dejar de sorprenderme. Se trata de Cardiel, un despoblado de leyenda. En medio del desierto se alzan casas de piedra y adobe que un día formaron parte de una aldea muy importante en la baja Edad Media, así como un lugar de paso de los peregrinos hacia Santiago de Compostela. Algunos quizás ya la habían visto antes, otros tendrían como prioridad la clasificación, y otros como yo quedarían asombrados de que en un lugar como este hubieran emplazado un avituallamiento, ¡gracias! Y gracias también por el propio avituallamiento: sandwich, coca cola, plátano, naranja, gominolas y un bizcocho que si bien no recuerdo su nombre me acordaré de su sabor toda la vida. Y ya aprovecho a decirlo aquí porque no me quiero repetir más adelante: avituallamientos de 10.

 

Con gasolina nueva tenemos que seguir, pero por desgracia no termino de arrancar. Los primeros metros tras reponer fuerzas me hacen bajar la media y perder alguna posición. No hemos venido a clasificar, pero siempre se agradece quedar algún puesto por encima. Toca echar mano de gel y esperar su efecto junto con todo lo anterior. Y es entonces cuando lo veo claro. Como si se oyera venir de lejos, la locomotora hace su aparición, y decido que si no quiero quedarme en la vía debo subirme al tren, un tren de alta velocidad, un express. No sé si serían ‘pros’ rezagados o ‘aficionados’ enchufados, pero cuando se situaron a mi altura tuve que meter marcha y aguantar el tirón junto a ellos hasta que la siguiente subida volviera a desencajar los vagones. ¡Qué salvada! Los kilómetros caían solos, las piernas trabajaban por inercia y mi sonrisa lo decía todo aunque nadie pudiera verla porque sí señores, iba en el último vagón pero, ¿eso importa?

Apenas pude disfrutar del paisaje en estos instantes de concentración en no perder la rueda del que tenía delante, pero no hacía falta ver mucho para agradecer que las nubes negras que se alzaban en el horizonte no iban a pasar por nuestro lado. Perdí el tren pero seguí subiendo, constante, pedalada tras pedalada hasta volver a ver campos de cultivo. El desierto se había acabado, o eso es lo que yo pensaba, ahora vendría algo llevadero y más colorido. Sí, en lo último llevaba razón, de nuevo campos de cultivo que alegraban la vista pero… tocaba sufrir de piernas. Ahora ya no era el viento, ahora era la desesperación, alzar la vista y ver pistas eternas, sin final, con destino Candasnos donde nos esperaría el siguiente avituallamiento y en el que habría que reponer fuerzas. Una naranja, medio sandwich, tres o cuatro gominolas y a seguir. Ya tenía 63 km en mi poder y el saber que restaban 40 me haría abrir el gas de nuevo.

Y vaya si lo abrí. Como si el desierto fuera la motivación de mi bici, los minutos y kilómetros empezaron a caer sin darme cuenta, cada vez más rápido, cada vez más contento, con mejores sensaciones. No sé si sería el saber que ya estaba cerca o las gominolas que aún llevaba en la boca para que no se me acabaran pero comencé a alcanzar y a adelantar a varios grupos. Fue mi mejor sector, o esa sensación tuve en aquél instante. Dejé atrás las balsas de Torreblanca, de las Ventas, y de la Riola y encaré sin bajar el ritmo el penúltimo tramo de esta Trotamons, la fugaz y rápida bajada a Veilla de Cinca, hogar del comienzo de la pesadilla: El Muro.

He de reconocer que desde el avituallamiento de Candasnos no había vuelto a pensar en el famoso y tan temido tramo. ¿Por qué lo llamarían el muro? Eso me preguntaba yo mientras curioseaba por Internet buscando información de la prueba. No es el Everest, ni una rampa del 40%, ni una subida interminable. Nada de eso, es una especie de vía verde (o vía verde tal cual), sin desnivel, pero con la peculiaridad de romperte el culo, las muñecas, los brazos, la espalda y las piernas. De destrozarte durante literalmente los últimos 10 km de la carrera, dándote las gracias de una cruel manera por haber participado en una ultramaratón de 107 km en la cual por si no habías tenido suficiente, darte un poco más de cariño en forma de PIEDRAS, MUCHAS PIEDRAS, MUCHÍSIMAS PIEDRAS que aquellos que vamos con una bici rígida sabemos apreciar. Quitando ese pequeño detalle, llegué a meta con una profunda satisfacción de haber logrado otro reto personal, de haber compartido tantos kilómetros con gente con la que comparto la misma afición y por haber participado en una prueba que yo me esperaba que fuera de 10 y ha sido de 100.

Muchísimas gracias a la organización de la Trotamons Bike Race, a los voluntarios, a los patrocinadores que la han hecho posible y a los increíbles y múltiples fotógrafos que han estado ahí para ofrecernos miles de fotografías de forma gratuita. Y quiero dejar para el final, como también lo es es una carrera, el avituallamiento final, el de meta, porque nunca he llegado a otro igual. Valéis lo que pedís y mucho más. Por mi parte tenéis un corredor más en la edición de 2020 y si tú que estás leyendo esto te lo estabas pensando, no lo dudes y apunta la Trotamons en tu calendario del año que viene. Enhorabuena.

Relive ‘Trotamons Bike Race 2019’

 

Características

  • Precio: 35 euros
  • Bolsa de corredor: Sí. Gel y Maillot de regalo. Ah, y premio si te ha tocado 😉
  • Cronometrada: Sí
  • Fotografía: Sí, gratuita
  • Zona de masaje: Sí
  • Zona de lavado: Sí
  • Zona para guardar bicis: Sí, vigilada y con pulsera
  • Parking: Muy amplio

Valoración

  • Avituallamientos: 10
  • Organización/voluntarios: 10
  • Señalización: 10
  • Recorrido: 10
  • Información: 10

 

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